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A seguir con el reinado (crónica)

Se escuchan las campanas de la iglesia mientras el llamado silencioso al estadio comienza. A una hora de empezar el encuentro, la gente aún no abarrota el graderío del parque de pelota. El diamante, todavía se encuentra sucio, al tiempo que se pintan las líneas de cal que delimitan la zona de juego. El campo de la colonia Bojórquez alberga más de cuatro años de puro éxito, ya que los diablos se encuentran imbatibles, llevándose los últimos ocho torneos en los cuales han participado.

En los minutos subsecuentes, como si cada uno de los aficionados tuviese una hora asignada para arribar, los espacios vacíos de los 15 escalones de la grada comienzan a ocuparse. Entre los que asisten a la riña deportiva están varios rostros familiares, que como cada partido en los últimos años, se hacen presentes en cada encuentro realizado en este campo que a tenido en su suelo a grandes peloteros.

En un breve lapso, que no comprende más de 25 minutos, aquellos espacios vacíos yacen ocupados, obligando a los recién llegados a trasladarse a otras zonas, detrás de home y a los costados del dugout de los campeones reinantes.

Las opiniones divididas no se hacen esperar en el instante justo en que los jugadores saltan al terreno para iniciar sus ejercicios de calentamiento. Entre los nombres más sonados está el de Karim García. Un  hombre extiende el brazo derecho señalando al ex ligamayorista mientras sujeta a un pequeño con el izquierdo. “Ése es Karim, jugó con los Yankees”. El pequeño se puso de pie ladeando su cuello a las burlas; el poste que le impedía ver al pelotero, pero una vez ubicada, se tocó la gorra, que sería firmada por el jugador al concluir el encuentro, exclamó con ese tono que sólo un infante sorprendido logra: “¡Con los Yankees!”.

Luego de aproximadamente 15 minutos, el partido da inicio. Enrique Couoh, manager de los diablos, asignó a Gerardo Ramírez para comenzar el partido. De esta manera, el lanzador de 20 años se dirige al montículo con la mirada fija en la loma. Clava sus spikes en la tierra descendiente para amortiguar su caída al momento de lanzar, lo hace de igual manera con los bordes de la placa que corona al montículo. Una vez afianzado en la loma le pide la pelota a su cátcher. Ramírez la recibe, la observa, acomoda sus dedos en algún punto entre las 120 costuras que mantienen el cuero del esférico sujeto, levanta la pierna hasta que la rodilla casi le llegue al pecho y realiza su primer disparo. Al escuchar el impacto, el público hace referencia a la velocidad imprimida en los disparos del lanzador. “Está duro el chavo”, comenta un hombre vestido con una playera propagandística del revolucionario institucional. “Ese estuvo con los gabachos, lo firmó… creo que los Dodgers”. Luego, le dio un sorbo a la lata de cerveza que tenía en la mano derecha. La afirmación no era completamente errónea: Ramírez sí estuvo es sucursales en Estados Unidos, pero con los Twins de Minnesota y los Astros de Houston antes de pasar a jugar con las Águilas de Veracruz, franela con la que debutó este mismo año en el beisbol mexicano , que además, sería el equipo en el que el mismo Couoh serviría durante mucho tiempo como couch de lanzadores.

El partido siguió su curso. Ramírez lanzó la primera entrada sin problemas y los Diablos tomaron ventaja sobre los constructores desde la misma parte baja del primer acto, luego de un errático comienzo del lanzador abridor Oswaldo Verdugo , quien llenó la casa momentos antes de enfrentar a Carlos Morales, quien recibió a su vez un pelotazo en medio de chiflidos y gritos del graderío. Un turno después, el cubano Yadier Drake conectó un roletazo que traería una carrera más para cerrar el ataque diablo, dejando un marcador de 2 por 0.

La labor de ambos abridores continuó sin novedad. Las entradas pasaban mientras la afición infernal exigía a sus jugadores más anotaciones. La temperatura permitía un mayor esfuerzo de los elementos en el campo, aquellos 32 grados eran un incentivo para los brazos acostumbrados a temperaturas mucho más altas, con esto, evitaban el desgaste excesivo que la deshidratación causa. Por si eso no era suficiente, el cielo despejado permitía a los peloteros responder de manera óptima a cualquier contacto elevado que salía de los maderos rivales.

Una hora después de comenzado el partido, aquella calma vivida por el lanzador de los constructores se vio interrumpida por un veloz ataque rojo. Nuevamente el cubano Yadier Drake impactó un lanzamiento de Verdugo consiguiendo un doble que lo situó a 180 pies de home. Verdugo hacía pausas largas, miraba a su cátcher, mientras Paco Cervera aferraba sus manos al madero, inclinaba su hombro izquierdo para observar mejor el siguiente envío. La afición presionaba al lanzador con un variado catálogo de amenazas y mentadas. Verdugo aguardaba movía la cabeza de lado a lado en negación a las peticiones que su receptor hacía hasta que afirmó. Contrajo su pierna izquierda e irguió su espalda, acomodó la pelota entre sus dedos. Un par de segundos después se dispuso a lanza. Cervera, con sus más de 15 años de experiencia en la pelota profesional mexicana, aguardó el lanzamiento rompiente y conectó el envío, haciendo que el antillano anotase desde la segunda, provocando una explosión en aquellos 15 escalones color verde. La gente se puso de pie en el mismo momento en que el cuero impacto con la madera, algunas gotas de cerveza cayeron al suelo mientras el campo ensordecía en medio de gritos y aplausos. La misma reacción ocurrió en la banca del cuadro local, la cual rápidamente formó una fila para recibir al jugador que había llegado a tierra prometida. Los rojos consiguieron un par de carreras más en esa misma entrada producto de Adrián Nicoli y Christian Chiquini.

Con la diferencia de cinco carreras en cinco entradas, el marcador parecía difícil de superar. Los de Cordemex intentaron armar un contra ataque en la parte baja de la sexta, luego del descontrol de Gerardo Ramírez. Sin embargo, sólo pudieron fabricar un par de carreras que fueron igualadas en la octava entrada a costa de Miguel Herrera, al permitir par de imparables de Rafael Castillo y Adrián Nicoli, dejando números definitivos de siete carreras por dos. El juego había terminado con los Diablo vencedores tal cual ha pasado en los últimos años.

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