Castillo debió irse

Castillo debió irse

Los Juegos Olímpicos concluyeron y el evidente fracaso de la delegación mexicana –salvo valiosas excepciones– nos han llevado a apuntar hacia los posibles responsables de un verano para el olvido.

Sería fácil señalar a los deportistas como culpables y terminar con el problema, sin embargo, esto sería realmente injusto.

Es imposible desempeñarte de la mejor forma en tu disciplina si estás pensando en donde vas a dormir porque te sacaron de tu hotel. Es imposible dar tu mejor demostración si tus palos de golf no han llegado un día antes de que comience el certamen. Es imposible ganar si ni siquiera tienes un uniforme de tu talla.

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Alfredo Castillo, director de la Conade desde abril del 2015

Si bien es cierto que el desempeño de muchos atletas fue deficiente -la selección de futbol, por ejemplo- el que debe de ofrecer una solución ante el problema es el recientemente ratificado como director de la Conade.

Castillo Cervantes, quien, de acuerdo con Peña Nieto, «sí sabe de deporte», y cuya experiencia en este rubro se limita a haber jugado pádel de joven, se ha visto envuelto en diferentes escándalos desde que ocupa el puesto.

El más reciente de ellos fue el de su pareja, quien lo acompañó a Río portando el uniforme oficial de la delegación tricolor y presumiendo de su acreditación.

El motivo de la indignación que esto creó en muchos competidores reside en el mal manejo de recursos públicos y que la acreditación que utilizaba para observar distintas competencias, bien pudo haber sido usada para algún entrenador o fisioterapeuta que se quedó sin ir.

Los pecados de Alfredo Castillo han sido muchos, no obstante, el más grave de ellos ha sido la falta de apoyo que han recibido nuestros deportistas.

Por ello, es necesario que cambien las estructuras deportivas en México, es necesaria que la persona a cargo sea alguien que conoce como funciona el sistema nacional e internacional del deporte.

Castillo no puede dirigir algo que no entiende.

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