Finanzas personales en la universidad: testimonios de estudiantes ante el aumento del costo de vida

Finanzas personales en la universidad: testimonios de estudiantes ante el aumento del costo de vida

Mientras titulares nacionales mencionan que “la inflación anual se encontró dentro del rango” (México, ¿Cómo vamos?), la realidad en el sureste del país es algo diferente.

Según el reporte más reciente llevado a cabo por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el estado de Yucatán se ha consolidado como uno de los más caros, ya que se registró una inflación mensual del 1.17%. Esta cifra no es solo un número más en las gráficas, es un gran factor que hace que los estudiantes de la Anáhuac Mayab tengan que configurar sus gastos. 

Se ha sentido el cambio de conversación entre pasillos; lo que antes era mayormente sobre chismes, tareas, ahora se ve acompañado por el aumento en el costo de los alimentos, transporte y los servicios. 

Eduardo Lopes

Hablamos con tres alumnos de universidad para comprender cómo se vive esta situación desde adentro. Ellos nos cuentan qué sacrificios hacen y cómo, en un 2026 que no permite descansar a la economía, ordenan sus gastos.

Primero hablamos con Eduardo Lopes de la carrera de Administración de Empresas sobre este tema.  Él nos comentó que la inflación ha causado un cambio real en sus compras mensuales; ahora elige comprar marcas genéricas sobre sus marcas preferidas, algo que antes no consideraba necesario.

«He sentido un incremento de precio no solo aquí en Mérida, sino también en la Ciudad de México», nos mencionó Eduardo. Lo cual también nos da el entendimiento de que, aunque sean cambios que se ven más en Mérida, aun así existe y es creciente en otras partes de México.

Cuando se le preguntó qué haría con mil pesos adicionales, su respuesta fue clara: invertirlo. Eduardo nos comentaba que ya tiene un plan de negocios en marcha, sin malgastarlos en un gasto personal. Para él, emprender es una herramienta de prevención y desarrollo frente a un contexto económico que cada vez demanda ser más dueño de nuestro propio destino que antes.

Regina Góngora

El segundo encuentro de entrevistas fue con Regina Góngora, quien está estudiando Derecho. Para ella su mayor reto ha sido en contra de los snacks; nos comentaba que a final de mes se daba cuenta de que este gasto hormiga se le volvía algo que no podía sustentar.

Esta autodisciplina no es algo hecho por casualidad o sin motivo; Regina ha vivido el impacto directo en uno de los servicios más esenciales para un alumno en Mérida: el transporte. El costo de moverse, ya sea mediante el Mayabús o servicios como Uber, hoy en día significa un gasto mucho mayor en sus gastos mensuales que lo que era hace un año.

Al igual que Eduardo, su perspectiva sobre el dinero es algo estratégica, a pesar de estos nuevos desafíos. Regina preferiría invertir en lugar de gastar 1,000 pesos adicionales. Su objetivo se muestra evidente: establecer un fondo para un viaje planificado a mediados de año. Asimismo, nos dijo que no solamente ahorra, sino que también produce; ha comenzado un negocio de brownies con una amiga, convirtiendo la necesidad de tener ingresos adicionales en un pequeño emprendimiento dentro de la universidad.

Meylin Valiente

Por último, entrevistamos a Meylin Valiente, estudiante de Administración de Empresas. Ella logró resumirnos la inflación con una frase con la que muchos lograrán identificarse: «Siento que el súper está cada vez más caro y el carrito más chiquito». Ella, como alumna de Administración, nota que, a pesar del aumento en los precios de los estantes, el poder adquisitivo de los compradores disminuye.

Meylin, al igual que Regina y Eduardo, no considera el dinero extra como una oportunidad de consumo propio, sino como un escudo que le lograra traer un sentido de seguridad. Para ella, la prioridad ha cambiado de buscar un beneficio inmediato a establecer un colchón económico que le dé tranquilidad mental frente a los fallos del sistema o las variaciones del mercado.

Luego de entrevistar a Regina, Meylin y Eduardo, queda evidente que la economía en 2026 no es solamente un asunto de noticias o gráficos del INEGI; es algo que recientemente ha transformado el modo de convivir en la universidad. Lo más sorprendente no fueron los altos precios que todos percibían—esos ya los conocemos—, sino la serenidad y el enfoque con los que están respondiendo ante ellos.

Si tuvieran este dinero extra, nadie mencionó comprar ropa nueva o salir de fiesta. Fue unánime: invertirlo todo. Estos alumnos están mostrando que esta situación económica los ha llevado a madurar, ya sea para prever ante situaciones, para financiar un viaje o para elaborar un plan de negocios.

El perfil del alumno de la Mayab en 2026 parece ser el de una persona que ya no espera a que la situación económica cambie por sí sola, pero está en busca de cómo resolver por su propia cuenta, entre crear emprendimientos, marcas genéricas y menos visitas a las tiendas de conveniencia. El carrito de un supermercado aparenta que podrá ser más pequeño, pero ahora la perspectiva sobre la manera de manejar su dinero es mucho mayor.

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