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El plagio, un mal que se extiende (opinión)

Este tema es siempre importante cuando se habla a nivel profesional y es, de cierta forma, lo que podría definir a un profesional de alguien que no lo es.

Pero empecemos por preguntarnos qué es el plagio. Según la Real Academia Española es la “acción y efecto de plagiar (copiar obras ajenas)”. 

En ese sentido, considero que el plagio va más allá de la acción, más allá de la palabra. Habla de la ética de cada persona. ¿Por qué está mal cometer esta acción? Porque es tomar sin permiso el trabajo de otra persona, hurtar la idea que una persona creó y plasmó de alguna manera. Es hacer tuyo algo que no es. Simple y sencillamente es robar.

En este caso, yo estoy hablando del plagio de manera escrita, pues, desde hace algunos años, nos encontramos con algo maravilloso llamado internet, pero ¿Qué sucede cuando la gente tiene acceso a tanta información?

Así, como es bien sabido por todos, basta teclear una palabra en un buscador para que se nos desplieguen numerosos resultados con información, y como en la mayoría de éstos no se ubica con claridad a los  autores, es posible que, a partir de allí, de donde surja el error de copiar y pegar la información, pues total, (muchos pensarán) no tiene autor, tal y como ocurre con Wikipedia.

Cuando estaba en quinto de primaria, mi profesora nos marcó de tarea hacer una investigación del país que eligiéramos. Aquélla era mi primera tarea de investigación por internet. A su vez, recuerdo que nos pidió buscar quién era el presidente, cómo era el clima, tipo de moneda, costumbres, entre otras cosas, aunque no nos pidió citar las fuentes.  Por supuesto, encontré todo en Wikipedia: copié, pegué, imprimí, lo entregué y saqué diez.

Ahora bien, ¿por qué mi maestra no me dijo que estaba robándome esa información? La estaba haciendo mía pues el trabajo en la portada tenía mi nombre y yo no hice más que copiar y pegar. Ahí comienza el error. En la secundaria, aún cuando la profesora de español nos pedía que investigáramos algún autor, su biografía, todo se resumía a copiar y pegar.

Lo anterior no son hechos que solamente haya vivido yo o que pasaron en un solo colegio. Es algo que aún sucede. Basta con ir a cualquier secundaria a preguntarle a la profesora si le está pidiendo a su alumno las fuentes y claro que no, no piden las fuentes, pues, “son niños, ¿para qué necesitan citar? Es una simple investigación”.

Sí, quizá a ese nivel no importe tanto, pero después esos niños crecen. Es por eso que, hoy en día, podemos encontrar diez veces más plagios de los que habían hace 50 años. ¿Qué podemos esperar de un profesional al que no le enseñaron desde niño a poner las fuentes en sus trabajos? Ciertamente podemos esperar que en la Universidad aprenda y le importe, pero, al menos en nuestro país, son pocos los que llegan a la Universidad.

Asimismo, cuando uno ya está en el proceso de la licenciatura e inicia a elaborar proyectos más dirigidos a lo que quiere ser en la vida es cuando empieza a valorar esta información, a ser más celoso de sus creaciones.

Luego entonces,  ¿qué pasa cuando alguien le roba, por ejemplo, un texto utilizándolo en otro trabajo sin citarlo como autor original? Empieza a aprender lo que es la vida profesional, la ética y la importancia de citar siempre.

Por todo lo anterior, invito a todos a reflexionar sobre esta temática. Aprecien la información, pero compartan siempre quienes son sus respectivos autores, sin olvidar nunca que alguien se tomó el tiempo para escribir o pensar ese párrafo o cuartilla que tanto te gustó. Los invito a terminar con este mal. Citen a sus fuentes.

Una idea original habla mucho de quién eres. Un plagio, también.

Fuente de la imagen: http://static.diario.latercera.com/201104/1240700.jpg

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