Francisco, ¿un Papa diferente? (opinión)

Francisco, ¿un Papa diferente? (opinión)

Jorge Mario Bergoglio ha dado mucho de qué hablar para fieles y no fieles desde el inicio de su papado el 13 de marzo de 2013, tras suceder al Papa Benedicto XVI. 

A través de su tiempo en la cátedra de San Pedro, Francisco ha realizado actos y reformas que han resonado en la prensa mundial y en la conciencia de muchos. Algunos de éstos fueron el mantener sus zapatos negros habituales, en vez de los rojos que se acostumbran para el sumo pontífice.

«Salió de la capilla así, con sencillez, con sus zapatos negros con los que había llegado de Buenos Aires. No se sentó en el trono que tenía preparado y se quedó de pie para abrazar uno a uno a todos los cardenales con una espontaneidad maravillosa», declaró el cardenal Claudio Hummes en un documental para la RAI.

Otros actos que han puesto a las masas a pensar sobre la gestión del Pontífice son el haber creado una comisión para la atención a menores que han sido víctimas del abuso sexual y la lucha contra los sacerdotes pedófilos y la comisión encargada de vigilar las finanzas de los miembros del Vaticano.

Su carisma y empatía con la gente le han ganado un lugar en el corazón de millones. Muestra humildad al preocuparse por temas como la desigualdad social, la pobreza en el mundo y el cuidado del medio ambiente, pero también al realizar actos en coherencia con lo que predica.

En varias ocasiones ha mencionado que es necesario «salir de casa y romper barreras». Prueba de lo anterior, es el discurso que tuvo lugar en el Congreso de los Estados Unidos -el primero de un Papa- en el cual se mostró empático con la situación de los inmigrantes ilegales y las dificultades que viven en dicho país.

Por lo anterior, quien esto escribe, vislumbra la posibilidad del comienzo de una fe renovada en los feligreses a través del mundo. Resulta refrescante la manera en la que Jorge Mario traduce en acciones lo que dicta el Evangelio.

Pocos serán aquellos que aprenderán a vivir y trabajar para el prójimo sin alguien que demuestre que es posible, y qué mejor que con la actitud gozosa con la que el Papa realiza su labor.

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